Hace unas semanas estuvimos en València. Y no fue casualidad. València está en un punto interesante. No necesita demostrar nada. Simplemente pasa. Axel Hotel València abrió en noviembre. Desde entonces, el hotel no se ha quedado quieto ni un segundo. Hay gente que entra y no tiene prisa por salir. Hay miradas que se cruzan sin buscarlo. Hay espacios que ya no son espacios, son […]
Hace unas semanas estuvimos en València.
Y no fue casualidad.
València está en un punto interesante.
No necesita demostrar nada.
Simplemente pasa.
Axel Hotel València abrió en noviembre.
Desde entonces, el hotel no se ha quedado quieto ni un segundo.
Hay gente que entra y no tiene prisa por salir.
Hay miradas que se cruzan sin buscarlo.
Hay espacios que ya no son espacios, son excusas.


Estar allí esta semana fue más observar que producir.
Más escuchar que dirigir.
Más sentir que explicar.
No fuimos a imponer una idea.
Fuimos a comprobar si lo que intuíamos era verdad.
Y lo era.
València entiende a Axel.
Porque es abierta.
Porque es mediterránea.
Porque es social sin esfuerzo.
Aquí no hay grandes discursos.
Hay energía real.
Y cuando eso pasa, lo notas rápido.


Las fotos llegarán.
Pero lo importante ya estaba allí.